Inteligencia emocional y redes sociales

Hoy voy a escribir sobre la curva de la emoción. La curva simple, la que refleja un estado de reposo o calma (por lo menos conscientemente), un estímulo que despierta una emoción  (atentas que digo despierta y no genera), esa emoción y el sentimiento que de ella parte y por fin un estado de calma o reposo final.

Cuva

Este proceso puede ser más largo o más corto en el tiempo dependiendo de la intensidad del estimulo, el tipo de emoción que despierta, el tipo de sentimiento que la sigue y los pensamientos, actos y correlatos fisiológicos que la acompañan.

Una emoción puede aparecer y desaparecer en segundos o generar un estado emocional o un sentimiento que dure horas o incluso días.

Otro día hablaremos sobre como alimentamos o no estas emociones y como nos apegamos o no a estos sentimientos. También hablaremos más sobre la inhibición en estas fases o sobre la expresión saludable de las emociones o asertividad.

Lo que hoy me interesa es qué consecuencias tiene a día de hoy el fácil acceso a herramientas de comunicación y difusión en ese momento álgido de la emocionalidad o el sentimiento.

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Hace unos meses, una persona a la que seguía en redes sociales se metió en un buen lio. Leyó una noticia y al momento publicó su opinión sobre la misma, una opinión llevada por la ira en la que atacaba y deseaba la muerte al protagonista de la misma. A los pocos minutos retiró su publicación, pero fue tarde ya alguien ya había “cazado” su comentario y lo había divulgado. En pocas horas el pantallazo con su comentario corrió como la pólvora y comenzó a recibir amenazas e insultos hasta el punto de cerrar sus cuentas y desaparecer. Tengo entendido que también fue legalmente demandada. Desconozco más datos sobre cómo ha evolucionado este asunto en los meses posteriores.

Analicemos este caso desde el punto de vista de la curva de la emoción. Esta persona, llamémosla Maite, recibió un estímulo, una noticia que le impacto y generó en ella una emoción de ira y asco que desembocó en un sentimiento de enfado y cólera. En pleno pico de la emoción y el sentimiento, tuvo acceso a una herramienta de comunicación pública donde plasmó lo que en ese momento sentía (movida por esa ira y ese rechazo) y cuando minutos más tarde se calmó y la curva comenzó a descender, fue consciente de lo escrito y lo retiró. Lamentablemente para ella, internet va muy rápido y su mensaje ya había sido captado por alguien que lo uso en su contra.

Si esto hubiera ocurrido hace 20 años, Maite se hubiera enfadado igual igual, y seguramente hubiera reaccionado muy parecido, pero en ese momento álgido de la curva, como mucho hubiera podido expresar ese mensaje a un circulo limitado de gente y cuando se retractara minutos después, solo hubiera tenido consecuencias a corto plazo (o quizás a largo plazo pero en un número menor de gente) y desde luego difícilmente hubiera acabado demandada.

Podemos decir que quizás hubiera podido escribir una carta a un periódico o llamar a un programa de radio o de tele para expresar su opinión… pero lo cierto es que esto le hubiera, posiblemente llevado un tiempo y un proceso en el que su mensaje se hubiera, por lo menos, templado.

Pero hoy no… hoy en ese mismo instante en que estamos en el punto álgido de la curva de la emoción. Cuando, por asi decirlo, estamos disparados, tenemos en nuestro bolsillo un pequeño aparato que nos permite enviar un mensaje instantáneo, ya sea por privado o a nivel público. La metáfora del mono con la pistola no queda excesivamente lejana ¿verdad?

Mono, Espejo, Mirar, Pensamiento

En mi experiencia profesional estoy últimamente contemplando habitualmente dificultades de comunicación derivadas de la mensajería instantánea y esta es una de ellas. Es por esto que es interesante poder reflexionar acerca de este peligro, sobre todo en caracteres más emocionales o viscerales con posibilidad de que la temperatura interna suba demasiado rápido.

Si un estimulo me altera y me genera una respuesta emocional, esta claro que lo más sano es que pueda expresarla de forma asertiva, pero a veces, al estar en ese punto álgido, no somos capaces de conectar con nuestra asertividad… Es por esto que es muy conveniente darnos la oportunidad de sostener el impulso hasta que la temperatura baje y entonces podamos responder o actuar de una forma más asertiva. O quizás ocurra, que ya no estemos en la necesidad de hacerlo… por ejemplo una reacción celosa ante una foto puede reflexionarse y reorientarse una vez ha pasado esta fase álgida.

Así que la recomendación que yo suelo dar a mi pacientes es que ante un estimulo de este estilo y antes de llevar a la acción una reacción excesiva, dejen pasar unos minutos, horas o el tiempo necesario, sosteniendo (que no reprimiendo) lo que sienten y después de pasado ese margen, actúen de forma asertiva.

Para ello, recordamos las fases del guión asertivo:

  • Describir sin juzgar la situación.
  • Expresar nuestros sentimiento
  • Pedir/solicitar lo que deseamos cambiar.

La capacidad para sostener nuestras propias emociones y poder decidir cómo gestionarlas es también una parte importante de la Inteligencia emocional y sin duda un eslabón muy débil en la cadena educativa a la que estamos sometidos hoy en día.

“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabra” William Shakespeare

 

Eider Iruretagoiena Perez (Psicóloga y formadora del CPI-ICPNLi)

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