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ELSA PUNSET Y LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Elsa Punset: «Estamos hechos de emociones, no podemos eliminarlas»

Hace unas pocas décadas nos dimos cuenta de la importancia de entrenar el cuerpo. «Ahora toca hacerlo con la mente», dice la escritora

La escritora y divulgadora Elsa Punset cuenta con gran experiencia en la aplicación de la inteligencia emocional.

– ¿Cómo podría haber entrenado mi cerebro para que esta entrevista quede bien?

– Para que los lectores puedan descubrir aquí algunas ideas útiles para su vida diaria, basta con hacer preguntas pertinentes. Imagino que se refiere a eso con lo de ‘quedar bien’.

– Intentaré hacerlo. Por ejemplo, ¿no es un término poco emocionante hablar de gestión emocional? Suena a máster de Empresariales.

– Ciertamente, estamos más acostumbrados a gestionar lo físico que lo mental y emocional. Pero si ese concepto de gestión y control le desagrada, podemos reemplazarlo por un concepto que ya toleramos muy bien en lo físico, que es el ejercicio o el entrenamiento, es decir: entrenar las emociones.

 

El cerebro está programado para sobrevivir, eso le importa más que tu felicidad

 

Nos hemos sobreprotegido en lo físico y nos hemos abandonado en lo emocional

 

– ¿Cómo podemos entrenar al cerebro para gestionar las emociones?

– Exactamente igual que hemos aprendido a entrenar el cuerpo: con paciencia, constancia y prevención. Aceptamos desde hace unas pocas décadas -básicamente desde mediados del siglo XX- que necesitamos alimentarnos bien, ir al médico, hacer ejercicio, no agredir al cuerpo innecesariamente, dormir lo suficiente… Ahora toca aprender a hacer lo mismo con la mente.

– ¿Para ello debemos recordar solo lo positivo? ¿Hay que olvidar los sucesos negativos de nuestro pasado negativo?

– Sería muy poco prudente. Nos tocaría aprender una y otra vez lo negativo. Pero como sabemos que las emociones negativas se generan y se almacenan en la memoria de nuestro cerebro programado para sobrevivir con mucha más facilidad que las positivas, basta con corregir conscientemente este sesgo negativo entrenando el cerebro en positivo, es decir, generando, almacenando y disfrutando conscientemente de las emociones positivas, tan necesarias para la salud física y mental de las personas. Las emociones positivas no son buenistas.

– ¿Estamos obligados a ser felices?

– ¿Quién nos obliga?

– ¿Quizá los demás?

– Los humanos tendemos a imitarnos y a compararnos los unos a los otros, eso forma parte de nuestros mecanismos sociales de convivencia. Tendemos a querer tener los mismos estándares de felicidad que los demás y a veces lo difícil es atreverse a pensar por uno mismo, a tomar decisiones de vida diferentes a los demás, pero no hay obligación.

– ¿Una vida sin sufrimientos es una vida aburrida?

– No lo creo en absoluto. Para mí, una vida aburrida sería una vida sin sentido. Y puedo aceptar una parte de sufrimiento si eso forma parte de una vida con sentido. Pero desde luego, el sufrimiento es un daño colateral, no es lo que da sentido a la vida.

– ¿No es triste vivir sin tristezas?

– La tristeza responde a un sentimiento de pérdida. Solo pierdes lo que tiene valor para ti, que en última instancia es tu propia vida. Por eso no existe una vida sin pérdidas. Y por ello, es importante tener recursos para gestionar, encajar y dar sentido a estas pérdidas.

– Las grandes penas pueden hacer que nos sintamos vivos. Quizá de vez en cuando no nos viene mal un disgusto.

– Lo que dicen los estudios es que las personas que encuentran un sentido a sus experiencias negativas son las que muestran mayor capacidad de superarlas y de aprender algo de ellas.

– A veces los sufrimientos del pasado nos hacen suspirar con nostalgia en el futuro e incluso nos hacen sonreír. ¿No le ocurre a usted eso?

– No, pero lo que si me ocurre con frecuencia es preguntarme por qué le habré dado tanta importancia a alguna cosa en el pasado.

– ¿Las grandes pasiones son una invención del cerebro?

– El cerebro humano es poético y creativo. Por eso escribimos novelas y sinfonías, nos enamoramos y renunciamos a la vida por algo que nos parece más importante que nosotros mismos.

– ¿Eliminar nuestras emociones negativas no supone eliminar una parte de nosotros?

– Aunque lo intente, no podrá hacerlo. Solo podrá aprender a gestionar sus emociones, no a eliminarlas. Estamos hechos de emociones.

– ¿Hay emociones prescindibles?

– Las emociones no son un capricho de la naturaleza o un lujo biológico. Están en la base de cada pensamiento racional. Todas tienen un mensaje y nos ayudan a responder de forma inteligente y flexible al entorno.

– ¿Hay emociones sin las cuales nos sería imposible vivir?

– Sin miedo no sobreviviríamos. Por eso es omnipresente en nuestras vidas. Al cerebro humano, programado para sobrevivir, no le importa tanto tu bienestar como tu supervivencia.

– Al final una emoción es una reacción en el cerebro, es química. ¿Podemos cambiar las leyes de la química?

– ¿Quién viene primero, la gallina o el huevo? Una emoción no es solo una reacción química, sino que la provoca. Efecto y causa están muy interrelacionados aquí. Y claro que podemos cambiar la química, hace siglos que sabemos hacerlo, aunque aún no hemos aprendido a hacerlo de forma sutil y segura. De hecho, neurocientíficos como Richard Wiseman aseguran, con razón, que ningún fármaco cambia tanto el cerebro como el pensamiento.

– ¿Después de tantos miles de años no hemos sido capaces de aprender a gestionar nuestras emociones? ¿Se nos resiste el cerebro?

– Yo diría dos cosas: la primera, que hasta hace relativamente poco tiempo estábamos aprendiendo a sobrevivir en lo físico. Esa era nuestra asignatura pendiente. Nos hemos sobreprotegido en lo físico y nos hemos abandonado en lo emocional. Y también recordaría que hasta que la revolución tecnológica no nos ha proporcionado los medios para abrir la caja negra del cerebro, nos era imposible comprender qué pasa por dentro.

– ¿El cerebro es peligroso?

– Claro, tenemos un arma de doble filo. Somos luz y oscuridad, capaces de hacer mucho bien y mucho mal.

– ¿Nos pone trampas para que no seamos felices?

– Como comentábamos antes, al cerebro le importa más tu supervivencia que tu felicidad.

-¿Tiene celos de nuestra felicidad?

– No, el cerebro está en su estado óptimo cuando se halla relajado y siente bienestar. Sube el cociente intelectual, se potencia la creatividad y disfrutamos mostrando empatía y generando emociones positivas. Pero le cuesta confiar en su entorno lo suficiente para relajarse y disfrutar de forma sostenida.

– ¿Nos apropiamos de los pensamientos del cerebro y los colocamos en lugares como el corazón, en el caso del amor, o el pecho, en el caso de la angustia?

– Más bien parece que la inteligencia y las emociones se manifiestan y viven en el cuerpo entero, no solo en el cerebro. Es un ámbito de la medicina que se empieza a estudiar y que es apasionante.

– ¿Hasta ahora el cerebro nos ha entrenado a nosotros?

– Bueno, es una forma interesante y útil de expresarlo. Ciertamente conformamos nuestros grandes patrones de emociones en la niñez, de forma inconsciente, aprendiendo por imitación y por reacciones viscerales al entorno. En este sentido, es el cerebro el que nos controla, a menos que logremos descifrar sus reacciones y transformarlas. La llave de libertad de las personas está en comprender para transformar.

– ¿Existe un componente cultural en las emociones o son universales?

– Las emociones son el único lenguaje universal que tenemos los humanos. Es curioso, porque se empieza a hablar de los emoticonos como de un lenguaje. Y lo veo muy acertado: es reconocerle a las emociones el papel fundamental que tienen en nuestras vidas. Por eso es tan importante que sepamos comprenderlas y entrenarlas. No tenemos otra forma de convivir y comunicarnos.

– ¿Por qué nos da vergüenza mostrar en público algunas emociones?

– Las emociones nos hacen vulnerables, y eso, al cerebro programado para sobrevivir, le da miedo. Por eso durante siglos las hemos reprimido.

– ¿Cómo puedo entrenar a mi cerebro para no caer en la tristeza si cuando publique esta entrevista me queda mal?

– Decía Samuel Beckett: ‘Fracasa, fracasa de nuevo, fracasa mejor’.

– Lo intentaré.

 

JAVIER GUILLENEA                                                                                                            junio 201507:27

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Meho Kodro: “El derbi es contagioso”

Meho Kodro recuerda los partidos ante el Athletic desde Bosnia, a donde ha vuelto para hacerse cargo del Sarajevo.

A Meho Kodro (Mostar, Bosnia Herzegovina, 1967) hubo que convencerle para que hiciera las maletas y volviera al país del que salió a principios de los noventa, concretamente en 1991, poco antes de que las llamas devoraran la antigua Yugoslavia y la transformaran en un gigantesco cementerio. Él se dejó guiar por el fútbol, recaló en Anoeta y en apenas cuatro temporadas se convirtió en uno de los iconos de la Real, club al que alimentó con sus goles y que jamás ha dejado, por muy lejos que estuviera de San Sebastián.
Como ahora, con dirección y padrón en la capital bosnia después de aceptar la oferta de sentarse en el banquillo del Sarajevo y continuar con su carrera de entrenador. Recibe a DV en las oficinas del estadio olímpico de Kosevo, donde juega su equipo, que renació bajo su dirección y ahora marcha segundo en la tabla, a dos puntos del lider, el Siroki Brijieg. Desanduvo su camino tras 23 años en España y regresó a su tierra, a una liga menor y pobre, sin lujos ni estrellas. ¿Por qué? <<Porque quiero entrenar>>, explica, no sin antes recordar que esta noche estará pegado a la tele. <<Hay derbi>>.

<<El pasado no cuenta>>.
El hombre que dejó una profunda huella en San Sebastián y que jugó en algunos de los mejores estadios del mundo se desprende de los recuerdos para poder avanzar, evolucionar. <<Lo que hice como futbolista pertenece al pasado y no me abrirá ninguna puerta>>, se sincera en la panza del viejo Kosovo, cuyos días de gloria se apagaron hace décadas. Reconoce Kodro que su primera opción era quedarse en España, donde sigue su familia –su mujer, sus dos hijas y su hijo, Kenan, que juega en Osasuna- pero que con el paso del tiempo se cansó de esperar una llamada de teléfono que sabía que jamás se produciría. <<Al marcharme de la real –era el técnico del Sanse- no pensé que iba tener tantos problemas para encontrar un nuevo destino. Me di un tiempo y comprendí que, en el fútbol español, nadie contaba conmigo. Sé que esto no es Lezama ni Zubieta, que los campos no son ni parecidos, pero por encima de todo están mi ilusión y las ganas de trabajar>>.
Revela Kodro que el Sarajevo llamó tres veces a sus puertas. La primera, unos meses después de dejar el filial txuri urdin. <<Les dije que no>>. La segunda, medio año más tarde. >>lo hacemos ahora?>>, le insistieron los rectores del club granate. <<Les comenté que quería esperar un poco más y ver si me salía algo en España, en segunda A>> El tiempo pasaba y el teléfono seguía sin sonar, y cuando lo hizo al otro lado estaban los de siempre. <<Meho, ¿ahora?>> Dio un paso al frente y aceptó la propuesta. <<Lo pensé y me dije a mí mismo. “¡Este es el momento!”>>.
Hubo división de opiniones en la familia, pero finalmente su mujer le animó y le apoyó en su nueva aventura en los banquillos. <<Era un pequeño “shock” para todos nosotros, aunque mis ganas de trabajar y de ser entrenador pudieron con los miedos y las reticencias iniciales>>. En septiembre aterrizó en la capital bosnia y firmó por dos temporadas y media. Le va de maravilla: no conoce la derrota y ha colocado al equipo segundo antes del parón invernal, que se prolongará hasta marzo. <<haremos lo imposible por ganar el título>>, dice.

<<Derbi, derbi, derbi>>.
El exdelantero insiste en que no le ha supuesto ningún trauma ponerse el mono de trabajo en la Liga bosnia. Carece de aires de grandeza y en su humilde sala de reuniones de Kosevo hay una mesa, unos armarios desvencijados y un portátil, que le da bastante guerra. <<Solo hay que desprenderse del ego, nada más. No tengo prejuicios y tampoco me paro a pensar de dónde vengo y qué he hecho en mi época de jugador. En España no había sitio para mí así que acepté una propuesta de una gente con la que comparto una idea y un proyecto. Sé que venir aquí es n riesgo, pero si no corres riesgos no avanzas>>, subraya.
La llamada que nunca se produjo y que seguramente era la que más ilusión le hacía era la de la real. <<Eso debería preguntárselo a la gente que lleva el club. Mi opinión es subjetiva y no sería correcto por mi parte expresarla. Estuve tres años con el filial y entendí qu había cumplido un ciclo y que necesitaba cambios. Me di cuenta de que no podía avanzar y que ellos contaban con otra gente. Decidí marcharme. Ahora bien, la real es mi club y me ha dado muchísimo, a mí y a mi familia. Nunca podré agradecérselo lo suficiente.
Kodro verá el partido de esta noche en su casa de Sarajevo. Entiende la magia de los derbis, y eso que él los vivió como extranjero. <<Mis emociones no llegaban al extremo de la gente de allí, pero al final el ambiente te arrastraba. El derbi es contagioso. Pasaba la semana y entrabas en calor, te ponía el encuentro y había muchísima carga sentimental. En el vestuario no parabas de escuchar “¡derbi, derbi, derbi!>>, rememora el exrealista, autor de un hat-tricken 1995, el año del 5-0.

<<Prefiero la política de la Real>>
De todos modos, según precisa, <<siempre he pensado que hay más efervescencia fuera que dentro de la caseta>>. Cuando se le pregunta por el modelo Athletic, Kodro expresa su profundo <<respeto>> por la filosofía rojiblanca, pero prefiere la política de la Real. <<Soy partidario de abrir las puertas al mundo. Lo prioritario es la cantera y brindar la oportunidad a los jóvenes, pero si te falta algo y no lo tienes en casa hay que salir fuera y traerlo. Eso sí, debe haber una diferencia evidente de calidad entre lo que fichas y lo que tienes>>, precisa.
No obstante, reconoce el valor de la postura rojiblanca. >>Hay cosas que superan al propio fútbol y son los valores culturales y de identificación que el Athletic ha llevado al máximo. Sólo hay que ir a San Mamés y ver la pasión que hay; pedirle a un extranjero que lo iguale sería complicado>>. Y remata: <<El Athletic es el único club del mundo que puede decir: “Yo juego con los míos contra cualquiera”. Si puedes funcionar así, yo me quito el sombrero>>, remata.
Está contento en el Sarajevo, que tiene un presupuesto de dos millones de euros, en una Liga cuyo nivel lo sitúa entre la <<Segunda A y Segunda B>>, porque disfruta de su profesión de entrenador. Curiosamente, se siente un poco extranjero en su propio país. <<Mis padres están en Mostar y aquí en la capital tengo muchísimos amigos, pero cuando yo digo “me voy a casa” pienso en San Sebastián>>.

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